¿Kickstarter perdió su rumbo?

55d22864d1c3ebea9192ec0c36e6ea9e_large

Kickstarter inauguró una suerte de utopía. El sitio se erigió como el máximo bastión para alojar y promover proyectos independientes (videojuegos, artesanías, largometrajes, hardware experimental, lo que gusten) y al día de hoy no para de crecer. El crowfunding pasó a ser tendencia y durante 2012 y la primera mitad del 2013 pareciera que no existió rincón en la web que no estuviera hablando de tal o cual proyecto.

La cuestión es que hace pocas semanas ocurrió algo que puede ser indicio que se hicieron las 12 para esta cenicienta del financiamiento colectivo.

El 13 de marzo de este año aparece en Kickatarter un proyecto que batió récords.  La idea propuesta era la de hacer un film sobre una serie de culto que se canceló abruptamente hace unos cinco años: Verónica Mars.  La serie, desconocida para muchos, tiene una fanbase fervorosa que aportó cerca de 2 millones de dólares en unas 24 horas para llegar al objetivo del proyecto. Cifra que superó los 5 millones y medio durante todo el mes que faltaba para terminar el plazo de la financiación.

Hasta aquí todo perfecto.  El análisis preliminar del evento fue más que auspicioso: gracias a la ayuda de sus seguidores un proyecto de calidad que había sido cajoneado e ignorado por hollywood puede salir a la luz.  Los creadores lograron saltarse el sistema de studios  y demostrar que había un público para su proyecto y gracias a ese público lograron lo impensado.  La utopía del crowfunding aparecía cada vez más fuertemente y ya estaba empezando a ganarle un poquito de terreno al mercado tradicional.

La Internet se revolucionó con la noticia.  Y se prendieron un par de lamparitas también.

Semanas después del éxito de Verónica Mars aparece otro proyecto similar. Zach Braff,  protagonista de la serie Scrubs lanza una campaña  en la plataforma para financiar una continuación de Garden State, su (gran) ópera prima del 2004.

El objetivo era recaudar unos dos millones de dólares para poder producir el nuevo film, y se llegarón a juntar más de tres durante el mes en kickstarter.  Todo parecía perfecto.  Braff podía completar su proyecto y los fans lograrían ver como continúa la historia que comenzó en la anterior película.

Pero el éxito que tuvo este proyecto vino acompañado de algo más.  De a poco ese velo de ingenuidad que tenía la utopía de Kickatarter comenzó a rasgarse y apareció la pregunta ¿necesita Zach Braff dos millones de dólares? ¿No es bastante millonario el flaco? O de última ¿nos  tendrá un par de amigos que se copen y colaboren? Desde acá estaríamos pensando que si, y no terminamos de entender por qué los usuarios tienen que estar financiando a alguien que no necesita financiamiento.

 

Verónica Mars no es el Cosmonauta

El caso de Wish I Was Here, tal es el nombre del nuevo film, redefinió el lugar de Kickstarter en el mercado. Lo que originalmente fue pensado como un motor para proyectos independientes, pero independientes en serio, pasa lentamente a estar cooptado por la industria.

No, efectivamente ni Zach Braff ni la gente de Verónica Mars necesitaban que los usuarios tengan que poner guita para llevar adelante estos proyectos. ¿Por qué lo hicieron? La explicación más coherente que dio el primero es la de la “mantener la libertad creativa”, pero nuevamente eso no explica por qué una persona que en 2007 cobraba US$ 350.000 por episodio de Scrubs (y calculen que eran más de 20 por temporada)  no financió completamente él el proyecto.

Entonces ¿Se usa Kickstarter porque es cool? ¿Se usa porque viene de la mano con la difusión viral de los proyectos? ¿Se usa para apuntar directamente al target sin la necesidad de invertir en publiciada? Puede ser un poco de todo, pero lo más triste es que se usa para no correr riesgos. El modelo de negocio es redondo: Braff podría haber autoproducido la película y afrontar la pérdida si le iba mal, o disfrutar la ganancia si le iba bien. Pero ahora el no corre riesgo alguno. Si hay ganancia él se la va a llevar toda. Si hay pérdida, nadie le va a recriminar nada porque los “productores” de la película cumplieron su objetivo al poder verla.

Así, Kickstarter pasa de ser un lugar donde los emprendedores independientes buscaban el primer empujón para su proyecto a ser una herramienta para gente que no quiere apostar absolutamente nada y encuentra un balance ideal entre costo y beneficio apoyado en la ingenuidad de sus fans.

Si una tecnología se define por los usos que se hacen de ella, Kickstarter está en vías de reinventarse. Pese a que sus dueños insisten en que su objetivo siempre fue el de darle una chance de vida a proyectos creativos, y que tanto Verónica Mars como Zach Braff trajeron miles de usuarios nuevos a la plataforma, la llegada de la gente rica al financiamiento colectivo una tendencia que ya comenzó y va ser difícil de detener.

Escuchamos opiniones.

Daniel Franca es comunicador social y nerd profesional. Trabaja en el sector de la educación y las TIC y produce los contenidos para la columna de tecnología en Visión 7, el noticiero de la TV Pública. Desde hace años viene gestando proyectos en la web, vamos a ver si este le funciona.

1 Comentario

  1. Pingback: El Grumpy Cat llega a Hollywood - Tekne

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>