Se acabó la joda: MakerBot se vende por 600 millones de dólares

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El boom de las impresoras 3D explotó definitivamente hace unos días cuando la compañía de impresión 3D industrial Statasys compro a MakerBot por US$ 403 en acciones más US$ 201 millones en ingresos a futuro.

La compradora, una empresa de Minnesota que viene fabricando maquinaria de corte e impresión para grandes industrias desde 1989, aseguró que MakerBot seguirá operando independientemente con su nueva fábrica de Brooklin, Minneapolis. Así que parece que por ese lado todo está perfecto. Y si pensamos que los norteamericanos partieron de un fondo de inversión de unos US$ 10 millones (combinando el financiamiento colectivo con el aporte de privados como Jeff Bezos, fundador de Amazon) en 2011 a ganancias pronosticadas de 75 millones para este año, y encima ahora ligan los 600 palos más, podríamos pensar que la Impresión 3D casera está en su mejor momento.

Pero, ¿lo está?
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Bre Pettis, CEO de MakerBot, con nuestro corazón en sus manos

Decíamos que con esta compra, el boom llega a su punto más alto. Pero no todo es color de rosa. En noviembre de 2011 escribí un artículo para GrupoMuu (antecesora de Tekné) donde marcaba algunas de sus características principales: el open source, la gestación de comunidades de usuarios y sobre todo, la independencia.

Aunque parezca mentira, uno de los principales motores de este fenómeno que hoy mueve millones era la nula intervención que tenían las grandes marcas en él. La Impresión en 3d fue creciendo viralmente, de boca en boca, gracias al enorme laburo de los pequeños emprendedores, usuarios (prosumidores) que intervenían y mejoraban los dispositivos, y de curiosos que maravillados, no solo por la tecnología sino también por todo este ecosistema, se encargaban de difundirla.

MakerBot supo ser un gran representante de todo esto. Es verdad que pequeñas señales apuntaban a que se estaba separando del camino, como el hecho de que comiencen a optar por un modelo de propiedad intelectual en lugar del open hardware, pero aun así siguió siendo uno de los principales referentes de la tendencia. Y esa adquisición es quizás su mayor logro, o el más sorprendente sin duda, pero al mismo tiempo pone una suerte de punto y aparte en toda esta historia.

Hasta aquí tuvimos una cosa. Ahora todo va a cambiar. Hasta aquí tuvimos uno curiosísimo ejemplo de una industria creada desde abajo hacia arriba. Ahora la Impresión en 3D hogareña va a cambiar su patrón diametralmente. Es verdad que se va a masificar aún más (mucho, mucho más) y posiblemente esto implique que a la larga los costos se reduzcan (estimo que en un principio no va a pasar, pero va a terminar siendo inevitable) pero en el camino va a dejar el espíritu disparador su crecimiento.  Es un proceso bastante similar a lo que charlamos hace unas semanas con la editorial sobre Kickstarter, algo que lo hace doblemente triste. Porque la idea de que estén ocurriendo ambas cosas hace que parezca todo más inevitable.

Daniel Franca es comunicador social y nerd profesional. Trabaja en el sector de la educación y las TIC y produce los contenidos para la columna de tecnología en Visión 7, el noticiero de la TV Pública. Desde hace años viene gestando proyectos en la web, vamos a ver si este le funciona.

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